- Habitación oscura, entre 20 y 22 ºC.
- Saco de dormir, no mantas ni edredones.
- Ruido blanco opcional, siempre suave.
- Cuna despejada, segura y con pocos estímulos.
- De día puede entrar algo de luz en las siestas.
- Despertar entre 7:00 y 7:30.
- Primera siesta hacia 9:00–9:30 (de 45 a 90 min).
- Segunda siesta hacia 12:30–13:00 (de 90 a 120 min).
- Tercera siesta hacia 16:30–17:00 (de 30 a 45 min).
- A dormir entre 20:00 y 20:30.
- Tres siestas, 3 h–3 h 30 en total. Noche de 10 h 30 a 12 h.
Al dejarle en la cuna, observar primero. Si está tranquilo aunque se mueva, no hacemos nada y salimos. Si protesta, le calmamos con la voz desde fuera. Si empieza el llanto fuerte, entramos y aplicamos el 3/2, igual en cada despertar de la noche que de verdad necesite ayuda.
- 3 minutos ayudando: hablarle suave, «shhh», la mano encima, el muñeco de apego, caricias. Con calma: no buscamos dormirle, buscamos ayudarle a regularse.
- 2 minutos observando: retiramos la ayuda pero seguimos presentes. Muchas veces necesitan unos segundos para reorganizarse; si intervenimos demasiado rápido, nunca llegan a practicar.
- Y repetimos tantas veces como haga falta.
- Por ahora, una sola toma en toda la noche, entre las 00:00 y las 00:30.
- Siempre mientras duerme: no esperar a que se despierte para dársela.
- Antes y después de la toma, el mismo plan que al principio de la noche.
- «Todo está bien, cariño, puedes volver a dormir.»
- «Estoy aquí, mi amor.»
- «Te ayudo a calmarte.»
Antes de intervenir: pausa, respirar hondo y repetir mentalmente «mi tranquilidad es su tranquilidad». Despacio, con pocas palabras, contacto suave. Menos hablar, más presencia. Si un adulto cambia el plan en mitad de la noche, el bebé se confunde: la coherencia y la calma son lo que le ayuda a dormir mejor.